SORBO VS. RHODE: CUANDO “INSPIRARSE” ES OTRO VERBO

 

Un lanzamiento viral, un rebautizo cruel de Twitter y una copia visual tan descarada que mereció su propio hashtag. Pero antes de darle like al meme, hay una conversación bastante más incómoda esperando atrás.

 
 

Todos sabemos que Twitter (o X) es un lugar hostil y minados del hate más veloz de todo internet. Así que no es nada nuevo que si te estás haciendo viral ahí, no será por una lluvia de halagos. En septiembre le tocó a Sorbo, la marca de electrolitos con colágeno de Lola Latorre. Solo necesito 24 horas de vigencia para que la rebautizaran: Robo. Simple, pero letal.

 

Y es que todas, absolutamente todas las fotos de campaña de Sorbo eran básicamente un calco de las fotos de Rhode -que por si vivís debajo de una roca es la línea de skincare de Hailey Bieber-.Cada ángulo, cada decisión de color, planos, props, fondos, cada detalle fue cuidadosamente cuidado -y exactamente replicado, porque hasta un moodboard con cada imagen tenían-. Si tapabas el logo, no sabías de qué marca era la foto, y si no lo tapabas, tampoco.

 

Por supuesto que todos los jueces de redes salieron automáticamente a gritar ¡¡es plagio!!. A mi me hizo el mismo ruido, lo dudé y siendo muy picky me fui a estudiar cada comunicación. Porque más allá del chimento, creo que este es un caso perfecto de cómo estamos viviendo una homogeneización estética global. Donde todo se parece a todo, moodboards y algorítmicos que en vez de inspirar, replican.

 
 

Es obvio que Sorbo no inventó nada. Pero Rhode tampoco. Esa estética del nuevo minimalismo con fondos limpios, mucho aire, golpes de color saturado, tipografías bold y contundentes, no es de Rhode.

Miles son las marcas hoy en día tienen el mismo uso de códigos visuales porque es lo que está de moda, tanto que ya rozan el blanding, llegando a ese punto que si sacamos el nombre es casi imposible identificar cuál es cual (de blanding hay tela para un artículo entero, lo charlamos otro día).

Si lo vemos solo hasta acá, Sorbo no copió a Rhode. Copió lo mismo que vienen haciendo todas las marcas de moda de los últimos años.

Ahora, si pasamos a la dirección creativa/arte nace la pregunta ¿dónde termina la tendencia y empieza la copia? Es tan exactamente igual que no hay línea en la que siquiera se pueda ver la inspiración.

La campaña de lanzamiento no se parece a la de Rhode: es la de Rhode con otro producto y otra cara. Encuadres idénticos, disposición idéntica, luz idéntica, poses idénticas.

¿En qué pensaba el equipo creativo? por que seamos honestos, esto no pasó por los ojos de una sola persona para aprobarse y salir.

 

Aún así, desde lo jurídico la realidad es que por más polémica generada, no hay un plagio de marca. Nombre, categoría, rubro y modelo de negocio es completamente diferente. Skincare y electrolitos no compiten. Problema sería que sean competidores o que tengan el mismo nombre/producto dentro del nicho. Ahí ya estaríamos hablando de otra historia (una que por cierto Rhode ya vivió en sus inicios y si fue demandada por copiar el nombre -pero zafó-)

Pero la creatividad dejó de ser creativa. ¿Acaso estamos ante una industria donde "copiar y pegar" se disfraza de "referenciar", y aún así se espera que su audiencia sea lo suficientemente tonta para no darse cuenta?

El problema de Sorbo no fue subirse a una ola de diseño global -algo que casi todas las marcas nuevas hacen diariamente-, sino la pereza creativa normalizada. No está mal subirse a la tendencia de moda, lo gravísimo es no entender cómo traducirla.

La tendencia te da el idioma. La dirección de arte cuenta TU HISTORIA con ese idioma. Y Sorbo no dijo nada, dejó en evidencia su falta de concepto y de alma propia. Se mostró tal cual un zombie de consumo y el algoritmo sin criterio propio.

 

¿Y no nos pasa a todos un poco? Es la paradoja más incómoda de esta era: nunca fue tan fácil ver todo. Y por ende, nunca todo terminó pareciéndose tanto entre sí.

 

¿Y si de tanto "inspirarse", mal, se nos convirtió en otro verbo?

 
 

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Lubianca Diaz

Soy semiólogo y comunicador social, crecí en Venezuela y ahora vivo en Argentina. Amante de la comunicación visual, me dedico a dirigir y crear marcas desde cero, desarrollando conceptos, imaginarios e iniciativas que la hagan destacar. En otras palabras, estoy a cargo de crear el alma y la voz de la marca.

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